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Decir "No" libera

Breve relato de ficción partiendo de un titulado de García Márquez: «Lo mejor que aprendí después de los 40 años fue a decir que no».

Decir "No" libera
Decir "No" libera Valery

El reloj de la pared no caminaba; flotaba en el aire denso de la oficina, marcando las seis y media de la tarde de un viernes eterno. Valeria contemplaba la pila de carpetas sobre su escritorio como quien mira un pelotón de fusilamiento.

A sus treinta y tres años  y un día, la vida se había convertido en una interminable sucesión de síes automáticos. Sí a los informes de última hora, sí a las reuniones que bien pudieron ser un correo electrónico, sí a los favores que devoraban sus fines de semana. Su amabilidad era una jaula de oro. Qué sería a los cuarenta años, sí siguiera así, negándose a ser complaciente con todo el mundo.

El teléfono chilló. En la pantalla brilló el nombre de Roberto, su jefe. Ella respondió al instante:

—Valeria, qué bueno que te encuentro —dijo la voz impostada del otro lado—. Surgió un imprevisto con el balance de la región norte. Necesito que te quedes un par de horas más para cerrarlo. Sé que es tu fin de semana de cumpleaños, pero cuento con tu compromiso de siempre.

El "compromiso de siempre". Esa frase que antes funcionaba como un resorte de culpa, esta vez tropezó con algo nuevo en el pecho de Valeria. Sintió el peso de las canas incipientes en sus sienes y, de repente, la famosa frase de García Márquez que había leído esa mañana en el periódico resonó en su cabeza como una epifanía: «Lo mejor que aprendí después de los 40 años fue a decir que no».

Se acomodó en la silla, respiró el aire impregnado de café frío y viejo, y sintió una extraña ligereza en la garganta.

—No, Roberto —dijo Valeria. La palabra sonó limpia, sólida, casi musical. Pero sin culpa.

Hubo un silencio de tumba al otro lado de la línea. Se podía escuchar la respiración estupefacta de su jefe, incapaz de procesar el monosílabo.

—¿Cómo que no? Valeria, esto es urgente.

—Lo lamento, pero no puedo. Mi jornada terminó a las seis y tengo planes que no voy a posponer. El lunes a primera hora será lo primero que revise. Buen fin de semana.

Colgó antes de que la réplica pudiera romper el encanto. Sonrió levemente y tomó sus cosas.

Al salir del edificio, el aire de la tarde le pareció inexplicablemente más puro. Mientras caminaba hacia el estacionamiento, Valeria se dio cuenta de que el mundo no se había detenido, la tierra no se había abierto bajo sus pies y el sol seguía poniéndose con el mismo esplendor de siempre. Pero sii había un cambio en su interior, se sentía ligera, sin culpa por decir "sí ", sin sobrecargas qué no correspondía a su labor. 

Se subió al auto, encendió el motor y, por primera vez en una década, no sintió prisa, respiro hondo y al exhalar también solto una sonrisa. Una sonrisa ligera que dibujó en su rostro. Acababa de descubrir que el "no" no era un muro para los demás, sino la primera puerta que abría hacia sí misma. Todo gracias a un simple pero significativo enunciado sobre literatura de Gago cómo lo llaman  con cariño al escritor latinoamericano más grande de la historia. Sin duda, leer abre nuevos caminos, y para Valeria abrió el más importante, el de su liberación. 

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